Elige alforjas con cierre enrollable, costuras termoselladas y anclajes firmes que no golpeen en adoquines portuarios. Clasifica por bolsas internas ligeras: cocina, abrigo, electrónica, farmacia. Menos es más en la costa, donde el viento castiga lo innecesario. Incluye una funda para el sillín, una red elástica para secar prendas en cubierta, y un pequeño botiquín que incluya tiritas resistentes al agua.
Al desembarcar, pasa un paño húmedo por cadena, cambios y tornillería, seca con cariño y aplica una fina película de lubricante apto para ambientes húmedos. Revisa pastillas de freno, que sufren con la arena, y controla presión de neumáticos. Este ritual de cinco minutos impide chirridos, evita oxidación prematura y te devuelve la sensación de máquina suave, lista para el siguiente acantilado.
Lleva una capa cortaviento transpirable, una chaqueta ligera impermeable, y prendas térmicas que se adapten a nebulinas repentinas. Los guantes con buen agarre ayudan en pasarelas metálicas mojadas. Añade braga de cuello, gorra fina bajo el casco y calcetines de secado rápido. La visibilidad es clave: detalles reflectantes estratégicos convierten nieblas y atardeceres en escenarios seguros y fotogénicos.